“Todo pasa por algo”

El otro día volví a escuchar esa frase. Últimamente la escucho a menudo. ¿Será porque es verdad? O tal vez, simplemente, cada día más gente hace intentos desesperados por justificar sus actos. Los suyos y los de la vida.

La vida es complicada.
Tanto, que merece la pena vivirla. 

Yo no sé si todo pasa por algo, pero sí creo que hay cosas que sí pasan por algo. Y es que mirando atrás es cuando nos damos cuenta de los “porqués”. Como dijo el bueno de Steve Jobs, sólo podemos conectar los puntos mirando hacia atrás.

Seguro que mirando atrás alguna vez te diste cuenta de que, si no fuese por lo que te pasó, ahora no estarías donde estás. Que aquel momento en el que pensabas que ya nada merecía la pena no era otra cosa que el principio de algo mucho mejor. Seguro que tú también has entendido alguna vez que eso te había pasado por algo.

A veces la vida nos golpea para darnos forma, y nosotros nos cabreamos, porque a nadie le gusta cambiar a la fuerza. Pero a veces esa es la única forma de cambiar. Y como dicen, el cambio es la única constante.

Hay momentos en los que la vida se convierte en un ring de boxeo.
A veces ganas. Y a veces pierdes.

A veces hay que ser valiente. Pero antes de ser valiente hay que saber qué significa serlo. Acuérdate siempre de que el truco de los valientes es no decir nunca que tienen miedo. Aunque lo cierto es que todos lo tenemos alguna vez. Sí, a veces la vida son golpes y empujones. Y a veces, al contrario de lo que dicen, no hay mejor ataque que una buena defensa.

A veces todos necesitamos dejarnos caer. Caer, caer, caer…hasta el fondo de nosotros mismos. Hasta el final. Y sólo cuando tenemos la cara pegada al suelo y hemos tocado fondo, empezamos a nadar hacia arriba. Sin parar.

Y aunque ahora no entiendas nada, algún día lo entenderás.

Mira, desde pequeños nos han acostumbrado a aborrecer los finales. Cuando estábamos viendo nuestra película de dibujos favorita y nos apagaban la tele porque era hora de ir a la ducha, nos enfadábamos. Una vez estábamos en la bañera jugando con el patito de goma y nos cortaban el grifo porque era hora de ir a leer un cuento, nos enfadábamos. Porque, aunque habíamos dejado nuestra película favorita, le habíamos cogido el gusto a la bañera.

Y así, suma y sigue.

Aunque ahora no puedas verlo, la vida te acaba llevando a donde tienes que estar. Si tiene que hacerlo a patadas lo hará, pero cuanto antes entiendas que a veces es así porque así tiene que ser, antes entenderás muchas otras cosas.

Recuerda siempre que a veces hay que pagar peajes para llegar a los sitios, que constantemente hay cosas acabando y empezando.

Pero, sobre todo, ten siempre claro que hay principios que valen el precio de un final.

ECGXIII.