Lecciones de balcón

No somos tan importantes, ¿os habéis dado cuenta?
Todo sigue girando, aunque nosotros hayamos dejado de hacerlo.

La imparable fuerza del mundo que habitamos sigue abriéndose paso, con o sin nosotros. Porque la vida no espera, no pide permiso, ni tampoco perdón. Simplemente es.

El verano llegará. No el día que nosotros hemos decidido que debe hacerlo, sino cuando él quiera…con sus días más largos y sus atardeceres rojizos. Y aunque pasáramos diez inviernos encerrados, el universo ahí fuera seguirá sin entender de balcones, ni de aplausos, ni de los miedos que nos abordan cuando nos vamos a dormir.

No había mensaje más potente. No había manera más clara de recordárnoslo: somos invitados. Somos huéspedes en una casa que no nos pertenece, que no nos rinde cuentas, que no nos necesita. Tal vez ahora lo entendamos.

Puede que después de esto seamos un poco más capaces de comprender cuál es nuestro verdadero compromiso, cuál es nuestra verdadera misión. Tal vez, después de esto, miremos al mundo de otra forma, con la humildad de quien se sabe finito, de quien se sabe vencible, de quien sabe que solo tiene una oportunidad.

Y esa, probablemente, es la más importante lección: solo tenemos una oportunidad.

Solo tenemos una oportunidad para decidir cómo salimos de esto. Solo una para darnos cuenta de lo que de verdad importa. Una, y no más, para cambiar, para apreciar, para vivir, para reconocernos unos a otros.

Ahora que el mundo que hemos construido se tambalea, las cosas realmente valiosas de la vida cobran más sentido que nunca: por fin nos despertamos de un sueño egoísta en el que se nos olvida constantemente darnos la mano.

Y es que esto no va de países, ni de ciudades, ni de gobiernos, ni de fronteras…Esto va de personas. De seres humanos que, a la fuerza y a la vez, se han visto obligados a recordar una verdad universal: solo el amor nos puede salvar.

El amor de quienes arriesgan su vida para proteger la de los demás, el de quienes de pronto toman conciencia del valor de lo que les rodea, el de quienes añoran tantas cosas antes dadas por hecho, el de quienes arriman el hombro de manera desinteresada, incluso el de quienes se dan cuenta de que estaban viviendo una vida sin amor.

Llegados a este punto, esto va de cuán capaces somos de dejar de mirar hacia dentro para mirar hacia fuera, de cuánto de grande necesitábamos la bofetada para aterrizar. Porque sí…esta es, sin lugar a duda, una de las pruebas más importantes a las que nos vamos a enfrentar jamás.

Hoy volverán a dar las 20:00h en el hemisferio norte.
Hoy, una vez más, millones de aplausos volverán a despegar desde los balcones.
En nuestras manos está que, mañana, ese aplauso tenga sentido.

Madrid, 28 de marzo de 2020.