Ella

«Una mujer no hace ruido cuando se va»Anónimo

Ella es más fuerte que el viento cuando sopla impío contra el mar. Porque no es viento, ni mar, pero aprendió a soltar amarras y dejar ir. Y no hay acto de amor propio y ajeno más poderoso que ese.

Ella es calma en la tormenta. Porque no es lluvia, ni rayo, ni trueno, pero encontró la melodía que le recuerda que la templanza es el arma más valiosa del guerrero. Profundas convicciones por armadura, encuentra siempre el modo de regatearle a la vida un par de aventuras más. Goles por la escuadra, corre al filo de un cuchillo que unos llaman peligro y otros suerte.

Está ardiendo en llamas. Aunque no es fuego, ni hoguera, pero sus cenizas son el polvo incandescente que anuncia el resurgir de sus incendios. Corazón pirómano, ha prendido ya más mechas de las que puede recordar. Pantera paciente, hace tiempo comprendió que hay bonitas maneras de doler.

Batiendo las alas amarró sus sueños a una nube que a veces truena y a veces amaina, pero siempre le lleva a donde quiere estar. Allí, al borde de cien abismos que le remueven las tripas. Allí, donde con las piernas colgando, una mezcla entre miedo y ganas le recorren la espina dorsal y le susurran al oído que solo hay una cosa mejor que vivir: sentirse vivo.

Y así, viva, aprendió a saber cuando ser la palabra exacta en el momento preciso. Cuando quedarse y cuando marchar. Porque la vida es eso, una elección de caminos: observar, esperar, elegir, renunciar y seguir caminando.

Y así fue, que aprendió a no temer a sus recuerdos, pues son parte de lo que es.
Raíces que le anclan a realidades que, aunque ya no son, siguen existiendo en algún lugar.

Y así fue, lo entendió:
Quien una vez algo gana, bien ha de estar preparado para, un día, perder.
Y se fue.

ECGXIII.