Adiós gazpacho

Ya está aquí, amigos. Ya está aquí.

Aunque nosotros todavía no queramos aceptarlo y nos empeñemos en seguir remangándonos los pantalones más de la cuenta y llevemos sandalias a pesar de que esté cayendo el Diluvio Universal y Noé esté juntando al último par de cabras antes de arrancar el motor de su lancha.

El.otoño.ya.está.aquí.

Y con él, lo de todos los años. Los paraguas, las gabardinas y los eternos optimistas que esperan la llegada del veranillo de San Miguel como agüita de mayo para irse a la playa y ver quién bate el record subiendo fotos de piernas que parecen salchichas tostadas al sol.

Con él se acaban las terracitas y los pantalones que de toda la vida tuvieron otro nombre pero que ahora sirven de excusa para armar follón al pasear un domingo cualquiera por la Latina.

Se acabaron las tardes de cañas y tintos siete días a la semana full-time non-stop. Ya no vale eso de “¡Qué más da! Es verano…” y nuestro mejor amigo nos vuelve a poner los pies en la tierra: Nadie se ha dejado el móvil en la casa de la playa, a nadie se le ha caído el móvil por el retrete, nadie ha perdido el número de nadie y mucho menos está esperando a que escribas tú. Vamos, de hecho es que si escribes no te va a contestar ni Dios. Y punto.

dreams

Se acabaron los bikinis, los trikinis y los sombreritos de paja estratégicamente colocados para dar paso a la invasión de las katiuskas y los calcetines que no se sabe si vienen ya pegados a las botas o si los regalan con las matrículas de las universidades.

Se acabó lo de sacar medio cuerpo por la ventanilla del coche y gritar sin que se te congelen los mocos. Ya estamos cambiando la Men’s Health por la Forbes y la Vogue por la Cuore, que en otoño es lo que apetece: darse cuenta de que no solo a ti se te ha ido la mano con las fuentes de macarrones con queso al llegar a casa de fiesta cantando sevillanas. Todo el mundo sabe que los michelines ajenos sientan fenomenal.

coche

Se acabaron las barbacoas. Ahora hay que volver a aprenderse la cartelera del cine y recuperar los atrasos del verano en lo que a materia cinematográfica respecta. Sofá-peli-pizza. Pizza-sofá-peli. Y así.

Vuelve el relaciones públicas que todos llevamos dentro. Hay que volver a camelarse a la del ropero, al portero, a la camarera, al de las cocacolas… Lo que sea con tal de no ir paseando la bufanda, los guantes, las orejeras, el casco de la moto, el jersey, la chaqueta, el abrigo y los esquís y tener que pagar dos euros cada vez que quieres salir a fumar.

Se acabó el estado de ataraxia que provoca el verano. Ese que te permite acercarte a una chica y preguntarle “¿qué hace un sitio como este alrededor de una chica como tú?” sin parecer un auténtico subnormal. En otoño nunca dirías algo así. Para empezar porque estás más pendiente de que los pelillos de la capucha del de al lado no se te metan por la nariz.

Se acabó lo de bajar las escaleras del metro como si lo hubiesen abierto solo para ti. Ahora toca correr. Correr como el hijo del viento, casi dejándote caer rodando, para tener la gran suerte de tirarte en plancha dentro de un vagón a reventar y que el amable señor que no se ha lavado los dientes desde que Chanquete se compró el barco te eche su aliento en la nuca durante siete paradas mientras se te empañan los cristales de las gafas.

escaleras

Salir de fiesta vuelve a ser un bien preciado y conseguir sacar de casa a todos tus amigos el mismo día cotiza en bolsa. Volvemos a ponernos nerviositos los jueves por la tarde. Como tu perro cuando te ve coger la correa y sabe que, por fin, después de cuatro largos e interminables días, va a salir a la calle.

Vuelve la lluvia, y con ella los atascos. Vuelves a preguntarte quién será el primer gilipollas que ha frenado mientras mentas a toda su familia y te pones en modo conducción colérica a la vez que llamas a tu jefe para decirle que no, verás, es que la m30 está fatal hoy. Hoy, y todos los días hasta el agosto que viene, claro.

Ay, el otoño. Ese momento del año que todas las madres del mundo esperan con ansia. Sí, el otoño es sin duda su momento favorito. Esperan que llegue solo para poder decirte “abrígate”. Para que tú no te abrigues, cojas una gripe de puta madre, y entonces poder decirte “¿¿¿Ves??? Te lo dije. Esto te pasa por no abrigarte”, mientras tú, con 40º de fiebre respondes “No, si no me encuentro mal…”

Ya es otoño en el Corte Inglés, señores. Ibiza se acabó y los ex vuelven a la península como vuelven las oscuras golondrinas y los cuadernillos Rubio. Sí, esos que se fueron en julio porque “necesitaban pensar”, y después de mucho meditar en las calas de Mallorca se dan cuenta de que el winter is coming y “no sabes cuánto me he acordado de ti este verano”, mientras tú miras la pantalla del móvil con cara de gilipollas. Esos.

stupid

Tu cuenta corriente vuelve a parecerse al desierto del Sahara, con pelotillas de paja que ruedan como en las pelis del Oeste y todo. Porque claro, todo el mundo cumple años en octubre. Tu madre, tu hermano, tu prima y tu amigo. Todos. Y la única explicación que se me ocurre es que en febrero hace mucho frío. Si no, no me lo explico.

Vuelven los edredones. Ese artefacto del mal que el demonio inventó para que no fuéramos capaces de llegar puntuales al trabajo. En tu casa vuelven a ponerse en marcha los Juegos del Hambre por el agua caliente. Eres capaz de encerrar a tu hermano en un armario para que no se meta en la ducha antes que tú y no sentirte culpable por ello. Y no es crueldad, es instinto de supervivencia.

Atravesar los metros de pasillo que separan tu habitación del cuarto de baño vuelve a convertirse en una expedición al ártico esquivando pingüinos y osos polares mientras corres de puntillas con un machete entre los dientes dispuesto a matar a quien se interponga en tu camino.

Y los pelos. Qué decir de ellos…Pues que abrigan, ¿verdad? Que si la naturaleza los ha puesto ahí es por algo, oye.

Sí. Definitivamente el verano se ha ido.
Así. De pronto. Adiós gazpacho, hola lentejas.

¿Lo bueno? Que sólo quedan ocho meses para que vuelva.

Porque es lo que tiene el verano: que siempre vuelve.

verano

ECGXIII.